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El cerebro bajo control: neuromodulación está cambiando el tratamiento de Parkinson
Durante décadas, el arsenal contra la enfermedad de Parkinson se ha apoyado casi por completo en un fármaco: la levodopa, que, por cierto y sin restar relevancia, es uno de los más grandes “milagros” terapéuticos que la medicina ha presenciado.
El medicamento tiende a funcionar bien al principio, pero con el paso de los años su efecto se vuelve errático y aparecen complicaciones que a veces son tan incapacitantes como la propia enfermedad.
Ante ese límite, la neuromodulación (el arte de “modificar la función” del cerebro con electricidad, magnetismo o ultrasonido en lugar de con moléculas) se ha convertido en una de las áreas más activas de la neurología actual.
La enfermedad de Parkinson aparece cuando mueren las neuronas que producen dopamina en una región llamada sustancia negra. Sin esa dopamina, los circuitos que coordinan el movimiento (los llamados núcleos de la base o “ganglios” basales) pierden el ritmo y generan los síntomas clásicos: temblor, rigidez y lentitud para moverse.
La neuromodulación no repone la dopamina perdida; en cambio, intenta “reafinar” la actividad eléctrica de esos circuitos para que vuelvan a funcionar de forma más parecida a la normal.
La estimulación cerebral profunda
La opción quirúrgica más establecida es la estimulación cerebral profunda o DBS, por sus siglas en inglés.
Consiste en implantar electrodos muy finos en zonas específicas del cerebro (sobre todo el núcleo subtalámico y el globo pálido interno) conectados a un pequeño generador, similar a un marcapasos, que envía pulsos eléctricos constantes.
La elección del blanco está supedita al cúmulo de años de evidencia científica, el núcleo subtalámico suele permitir reducir más la dosis de medicamentos, mientras que el globo pálido se prefiere en personas con deterioro cognitivo o movimientos involuntarios severos.
Así, hallazgos recientes añade una tercera pieza al rompecabezas, estimular junto con el núcleo subtalámico una vía llamada tracto dentato-rubro-talámico mejora de forma notable el control del temblor.
La tecnología, además, se está volviendo más “inteligente”. La irrupción de la AI a los sistemas de nueva generación, conocidos como DBS adaptativo, ya no emiten un pulso fijo las veinticuatro horas al paciente, en vez de ello leen en tiempo real la actividad eléctrica del cerebro y ajustan la estimulación según la necesite la persona en cada momento, algo parecido a un termostato que responde a la temperatura real de la habitación.
A esto se suman electrodos “direccionales”, capaces de orientar el campo eléctrico hacia un lado concreto del cerebro para maximizar el beneficio y evitar zonas que producen efectos no deseados, como alteraciones del habla.
También se están explorando nuevos blancos cerebrales para síntomas que hasta ahora quedaban fuera del alcance de la cirugía, como los bloqueos súbitos al caminar (la llamada congelación de la marcha) o el deterioro cognitivo asociado a la enfermedad.
No siempre hay que abrir el cráneo…
La neuromodulación no es igual a cirugía. Técnicas como la estimulación magnética transcraneal (TMS) y la estimulación con corriente directa (tDCS) se aplican desde fuera del cráneo y han mostrado mejoras en la lentitud de movimientos, la marcha y el ánimo, posiblemente porque reducen la inflamación y estimulan sustancias que protegen a las neuronas.
Una alternativa más reciente es la estimulación por pulsos transcraneales, que utiliza ondas de choque breves para estimular la plasticidad del cerebro; en un estudio piloto, los pacientes mostraron mejoras cercanas al 20% en la escala que mide la gravedad del Parkinson, junto con beneficios cognitivos.
Por su parte, el ultrasonido focalizado de baja intensidad permite tratar estructuras profundas del cerebro con precisión milimétrica sin necesidad de bisturí, y combinado con microburbujas puede incluso abrir temporalmente la barrera que protege al cerebro, lo que abre la puerta a administrar terapias génicas directamente donde se necesitan.
Uno de los desarrollos más prometedores es la combinación de DBS y ultrasonido focalizado (o también TMS) en un mismo tratamiento. La idea es que, mientras la estimulación eléctrica reorganiza los ritmos anómalos del circuito motor, el ultrasonido ajusta la excitabilidad de esas mismas neuronas y facilita la llegada de fármacos biológicos a la zona exacta donde se necesitan.
El resultado esperado es poder usar menos corriente eléctrica (y por tanto menos efectos secundarios) sin perder efectividad.
Para el antropólogo Roger Batra, el efecto placebo es una de las características que más nos definen como seres humanos. En investigación en salud, no obstante, es una gran reto que afrontar.
En personas que viven con Parkinson, la posiblidad de efecto placebo es especialmente problemática, y la expliación es biologica: La expectativa de recibir un tratamiento puede provocar una liberación real de dopamina, el neurotransmisor cuya deficiencia caracteriza a la enfermedad, suficiente para producir una mejoría transitoria en algunas pruebas clínicas.
Un metaanálisis reciente que reunió 17 ensayos con más de 650 pacientes tratados con estimulación magnética o corriente directa transcraneal mostró que quienes recibieron una estimulación simulada presentaron una mejoría discreta en la exploración motora, pero sin cambios relevantes en la gravedad global de la enfermedad ni una persistencia del efecto con el paso de las semanas.
Los pacientes tratados con estimulación real obtuvieron mejoras claramente mayores tanto en la exploración motora como en la evaluación global, y estas se mantuvieron después de finalizar el tratamiento.
La duración del beneficio constituye uno de los principales argumentos a favor de un efecto biológico auténtico: mientras el placebo produce una respuesta breve, la neuromodulación parece inducir cambios más estables en la comunicación entre las neuronas. Por ello, el seguimiento semanas después del tratamiento resulta indispensable para distinguir un efecto de expectativa de un beneficio terapéutico real.
Una promesa que sigue evolucionando
El horizonte de esta disciplina apunta a una atención cada vez más personalizada. Los escáneres de altísima resolución permiten ahora ubicar, para cada paciente, el punto exacto de estimulación según cómo están conectadas sus propias redes cerebrales, y no según coordenadas anatómicas genéricas.
La genética también empieza a jugar un papel: identificar ciertas variantes de riesgo podría ayudar a anticipar qué pacientes son mejores candidatos para la cirugía.
A esto se suman la ya mencionada inteligencia artificial, que promete optimizar la programación de los dispositivos automáticamente, y proyectos más futuristas, como nanopartículas capaces de estimular el cerebro de forma inalámbrica, o sistemas que ajusten la estimulación según los ritmos del sueño para mejorar el descanso nocturno de los pacientes.
Ninguna de estas técnicas sustituye por completo a la medicación ni cura la enfermedad, pero juntas están ampliando de forma notable las opciones para quienes viven con enfermedad de Parkinson, sobre todo cuando los tratamientos convencionales dejan de ser suficientes.
Lo que hace una década era ciencia de ficción (estimular circuitos con precisión milimétrica, personalizar el tratamiento según la conectividad de cada cerebro) hoy es una realidad palpable en quirófanos y consultorio, y marca uno de los capítulos más activos de la neurología contemporánea.
Dr. Eduardo Argüelles González. MD, PhD. Neurólogo, Internista.
Titular del Centro de Trastornos del Movimiento y Neuromodulación de Médica Sur.
PARA SABER MÁS
- Gianlorenco, A. C., Camargo, L., Yeh, H.-J., Fernandes, E. B., Ribeiro, J. V., Hazer-Rau, D., & Fregni, F. (2026). Neuromodulation in Parkinson’s disease with transcranial pulse stimulation: Evidence of clinical efficacy and cortical oscillatory changes. Journal of Neurology, 273(52).
- Martinez-Nunez, A. E., Justich, M. B., Okun, M. S., & Fasano, A. (2024). Emerging therapies for neuromodulation in Parkinson’s disease. Neurotherapeutics, 21(e00310).
- Muksuris, K., Scarisbrick, D. M., Mahoney, J. J., III, & Cherkasova, M. V. (2023). Noninvasive neuromodulation in Parkinson’s disease: Insights from animal models. Journal of Clinical Medicine, 12(5448).
- Reyhanli, A., Ortega-Márquez, J., Pastora-Sesin, C., Perin, J. P., Gianlorenço, A. C., Camargo, L., & Fregni, F. (2026). Reconsidering placebo effects in neuromodulation for Parkinson’s disease: Lessons for clinical trials and therapeutic translation. Biomedicines, 14(00532).
- Wójcik, R., Dębska, A., Zaczkowski, K., Szmyd, B., Podstawka, M., Bobeff, E. J., & Wiśniewski, K. (2025). Deep brain stimulation for Parkinson’s disease—A narrative review. Biomedicines, 13(2430).
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