4 mil millones de personas podrían vivir con sobrepeso u obesidad en 2035

4 mil millones de personas podrían vivir con sobrepeso u obesidad en 2035
Ingrid Silva
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6 marzo, 2026
|
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Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial contra la Obesidad, promovido a nivel internacional por la World Obesity Federation, una fecha que impulsa una conversación urgente: la obesidad debe entenderse como una enfermedad crónica, progresiva y multifactorial, no como un asunto estético.

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4 mil millones de personas podrían vivir con sobrepeso u obesidad en 2035

En este contexto, la campaña del organismo hace un llamado a los 8 mil millones de personas que viven en entornos donde el sobrepeso y la obesidad se han vuelto una realidad creciente, con especial atención en los grupos más vulnerables, particularmente niñas y niños.

Las proyecciones son contundentes: para 2035, cuatro mil millones de personas, la mitad de la población mundial, podrían vivir con sobrepeso u obesidad.

En México, esta tendencia ya impacta a familias, comunidades y al sistema de salud, reflejándose en un aumento sostenido de enfermedades crónicas que afectan la calidad de vida.

El crecimiento de la obesidad infantil, además, pone en evidencia entornos poco saludables y una brecha que continúa ampliándose en materia de equidad en salud.

Las personas que viven con obesidad se enfrentan a otro tipo de problemas cotidianos al habitar en ambientes que no fueron diseñados para individuos corpulentos y con gran sobrepeso, por ejemplo: se enfrentan a un transporte público con escalones de acceso elevados (el obeso no puede elevar mucho las rodillas para subir a los autobuses) asientos pequeños y espacios reducidos donde no caben para sentarse, aceras elevadas para cruzar algunas avenidas, hasta asientos de avión reducidos donde necesitarían dos plazas para poder sentarse y cinturones de seguridad que no alcanzan a extenderse hasta el otro lado para abrocharlos, mobiliario que no soporta el peso de estas personas, la dificultad de encontrar ropa y calzado de su talla, calzado que no requiera atar agujetas para su uso (el obeso no puede inclinarse para ponerse los calcetines ni atar sus agujetas) edificios públicos que no cuentan con elevador (subir escaleras es un reto peligroso para el obeso) y estacionamiento alejado (el obeso no puede caminar largas distancias, tiene dificultad para respirar -disnea-), hacer filas de pie de más de 5 minutos es otro martirio para el obeso, sanitarios cuya ubicación está alejada con mobiliario y espacios reducidos que tampoco son adecuados para el obeso.


La atención médica del paciente obeso también requiere un manejo especial, por ejemplo, la dosificación de la mayoría de los medicamentos se calcula en miligramos por kilo de peso del paciente, por día, si el paciente cursa con obesidad mórbida se debe revisar con cuidado la dosificación por el médico tratante para administrar una dosis suficiente sin llegar a la dosis tóxica de los medicamentos.

De no frenarse el avance de la obesidad, pronto la población de obesos será la mayoría en México, un número inmenso de personas con necesidades especiales, con patologías diferentes y con capacidades limitadas. Es un futuro cercano y real.

El Médico Bariatra David Montalvo Castro, especialista en Medicina Bariátrica, explica que este problema de salud no aparece de forma repentina:

“La obesidad inicia con una etapa de sobrepeso y el daño metabólico comienza mucho antes de que una persona sea considerada clínicamente obesa. Desde fases tempranas pueden presentarse elevaciones de glucosa, colesterol y triglicéridos, además de inflamación crónica y estrés oxidativo que van deteriorando progresivamente órganos y sistemas. Cuando alguien se pregunta ‘¿desde cuándo afecta el sobrepeso?’, la respuesta es clara: desde antes de que existan signos visibles”.

El especialista detalla que el exceso de grasa corporal no solo incrementa el
peso, también altera el funcionamiento interno del organismo. La sangre puede
volverse menos eficiente para transportar oxígeno debido al aumento de glucosa
y grasas circulantes, mientras que el tejido adiposo -que es metabólicamente
activo- demanda mayor irrigación y consumo de oxígeno. “Hay menor capacidad
de transporte y, al mismo tiempo, un incremento en la demanda”, señala. Esta
combinación coloca al cuerpo en un estado de sobrecarga constante que afecta
corazón, pulmones y metabolismo.
A ello se suma un factor preocupante: muchas complicaciones avanzan en
silencio. Hígado graso, resistencia a la insulina, desgaste articular, hipertensión e
incluso insuficiencia cardíaca pueden desarrollarse durante años sin causar dolor.

Un Índice de Masa Corporal igual o mayor a 25 ya indica sobrepeso y requiere
valoración médica. “No porque no duela significa que no esté ocurriendo algo”,
enfatiza.
La conexión entre obesidad y diabetes tipo 2 es directa. Tras el consumo de
carbohidratos, la glucosa en sangre aumenta y el páncreas libera insulina para
permitir que las células utilicen una parte de ella como energía, aunque la otra
parte de esa glucosa se convierta en grasa. Sin embargo, cuando existe exceso
de grasa corporal, puede generarse resistencia a la insulina, elevando
progresivamente el riesgo de enfermedad metabólica.
Por ello, el abordaje no debe improvisarse. Requiere evaluación clínica,
seguimiento y un plan individualizado.

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“Es fundamental acudir con profesionales
preparados que diseñen estrategias adaptadas a cada persona para lograr una
reducción segura, restablecer el equilibrio metabólico y disminuir riesgos a largo
plazo. No se trata solo de perder kilos, sino de recuperar salud. En el marco del
Día Mundial contra la Obesidad, reconocerla como enfermedad y actuar a tiempo
puede marcar la diferencia entre prevenir complicaciones o enfrentar
padecimientos que impactan la calidad y la expectativa de vida”, concluye el Dr.
David Montalvo Castro.

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